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Sin alas.

Un paso, nos volvemos ahora, la adrenalina acaba de golpe, con la mañana, las risas, la vida volando; sólo búrlate.

Dos pasos atrás, el celofán de la esencia, todo está en silencio, cambiamos de color, volamos poquito, te da miedo, sólo búrlate.

Doce pasos y brinca; sólo búrlate

Volamos poquito…

Volamos poquito…

Volamos poquito…

Ya no estamos, la tierra se fragmenta; la era rozándonos las pieles, una explosión nuclear en el estomago, una mirada, una vida, un “te quiero” de humo, la felicidad corriendo por los pasillos, un puñetazo en la mejilla, un abrazo, un sueño a media noche, el rompecabezas de la abuela, una palabra solitaria y silenciosa, un recuerdo, un destello, una herida eterna, una carta de un futuro incierto, un beso de monóxido de carbono, un soñador sin alas.

Y qué más da, preciosa, también se puede volar sin alas.

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(vía 4doors)

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No te salves

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Mario Benedetti.

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(Fuente: batracotoxina, vía p3d0b3ar)

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Fluorescencia

La luz se reflejaba en su sable, en el sable de aquella mujer de frágil cuerpo contrastando su mirada enérgica como con el poder de diez bombas nucleares. Me pregunto cómo es que llegue al suelo, tal vez son los golpes al corazón, ¡No, no, son los golpes con sable al corazón! O tal vez solo estoy demasiado ebrio como para estar de pie.

Nunca una mujer me había derribado, sólo “el chelis” aquel hombre de cuerpo musculoso, pero de buen corazón, ¿Por qué mierdas hablo tanto sobre el corazón? Ese estúpido órgano, el artefacto perfecto para derribar a un hombre. 

Aquella mujer, las pecas en su pecho sólo comparadas con la viveza del azul cósmico que poseen algunas estrellas al pasearse por las avenidas en una ciudad atormentada con el transitar vehicular y las personas alteradas por querer llegar a casa a beber una taza de té con su familia y fingir que no pasa nada.

Su silueta coronada con ese sweater de bolitas blancas que odio tanto, pude escuchar el universo a través de sus mallas rotas, notar sus batallas perdidas que se quedan como una bitácora implantadas en sus rodillas, señal de que no solo los golpes al corazón derriban.

Pero aún recuerdo la luz, esos rayos de colores fluorescentes reflejándose en su sable que no puedo sacar de mi cabeza.

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(vía itsluk3)

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"Amor, te quiero.
Hoy mi tiempo será para ti. No te preocupes, tal vez me cueste una vida entenderte y otra amarte, pero tengo una vida de sobra.
Regreso pronto, Bye."
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Noche sin (ti) fin

Esta noche las palabras se escriben solas y los sentimientos fluyen a prisa, esta noche no quiero cubrir la heridas, esta noche no es como aquella en donde solo te preocupaba que terminara la oscuridad y nos hallara desnudos sobre la colina. Amándonos.

Y aún hay un problema más grande que el que no estés conmigo, y es que la noche acaba de comenzar.